Los cambios infantiles durante el primer año

Los cambios durante el primer año de vida se suceden rápidamente y son la evidencia de la maduración motora y neurológica que experimenta el bebe durante estos primeros doce meses.

A los 4 meses ya es capaz de rodar sobre sí mismo, por lo que puede caerse de camas o cambiadores.

 

Durante el primer mes, el niño reacciona con movimientos reflejos; evacúa hasta seis veces al día; puede seguir pidiendo dos comidas durante la noche y, normalmente, regurgita leche después de comer.

En el segundo mes, sus acciones son cada vez más voluntarias y sus movimientos son mucho más desenvueltos, consigue mantener la cabeza erguida durante 45 segundos con un ángulo de 45 grados y sostener los objetos durante algunos momentos.

En el tercer mes, cuando está tendido boca abajo, consigue mantener alzados el pecho y la cabeza durante algunos segundos; puede levantar un brazo y extenderlo hacia delante para poder mirarse las manos; y golpea los objetos con los puños cerrados.

En el cuarto mes: pasa de la posición boca abajo a la de espaldas; estando en posición supina, levanta la cabeza para mirarse las manos con las que se coge los pies. El número de sus comidas suele reducirse a cuatro, aunque algunos niños siguen pidiendo la tetada nocturna.

Durante el quinto mes, cuando permanece en posición supina, levanta perfectamente la cabeza y los hombros; se chupa los dedos de los pies; toca, sostiene, zarandea y «prueba» los objetos y consigue pasárselos de una mano a otra.

En el sexto mes comienza a arrastrarse de barriga por los suelos. Gira la cabeza con toda facilidad; permanece sentado si tiene un apoyo; coge los objetos que cuelgan delante de él. Por la noche, duerme unas diez horas seguidas.

En el séptimo mes los músculos de sus piernas comienzan a adquirir la fuerza necesaria para sostener su peso. Avanza arrastrándose y llevando un objeto en la mano y consigue mantenerse sentado por sí solo, sin necesidad de sujeción, durante algunos minutos. Pueden salirle los dos dientes incisivos inferiores.

En el octavo mes ya camina a gatas, hacia delante o hacia atrás; se mece estando de rodillas; permanece perfectamente sentado por sí solo, durante algunos minutos; y sentado en el suelo, avanza arrastrando el culo, intenta ponerse en pie. Puede padecer crisis de insomnio.

En el noveno mes puede avanzar a gatas, sosteniéndose con una sola mano, mientras tiene la otra ocupada. Puede «navegar» alrededor de los muebles de la casa, avanzando a gatas. Sus continuados intentos para ponerse de pie en la cama pueden causarle problemas de insomnio.

Durante el décimo mes adopta con facilidad la posición erguida: puede permanecer de pie, si tiene cerca alguna cosa en la que sujetarse; si le sostenemos, consigue dar algunos pasos; cuando le vestimos, colabora introduciendo sus brazos en las mangas.

En el undécimo mes, el niño intenta mantenerse de pie por sí solo. Emplea las sillas como muletas, se encarama a ellas e intenta bajar de ellas haciendo marcha atrás. Se desplaza fácilmente entre los muebles.

Durante el último mes del primer año, el duodécimo mes,  intenta sostenerse de pie sin ninguna sujeción, tiende a comer sin que le ayuden a ello y le basta con dormir la siesta por la tarde.

 

Dra. Dª. Cristina Campoy, Profesora de Pediatría de la Universidad de Granada y miembro del Comité de Nutrición de la Sociedad europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN)

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