Leche desnatada en las dietas

Leche desnatada, fundamental en las dietas

Dra. Dª. Ana Haro García, Farmacéutica y Tecnóloga de los Alimentos, Diplomada en Nutrición.

Los lácteos ocupan un lugar destacado en nuestra alimentación por su riqueza nutricional y la amplia variabilidad de formas y presentaciones con que se comercializan. Entre los alimentos lácteos, la leche desnatada se ofrece como una alternativa saludable a la leche entera para aquellas personas que necesitan controlar el consumo de grasa en su dieta, porque padezcan de sobrepeso u obesidad o presenten niveles elevados de colesterol en sangre, o en el caso de aquellas a las que simplemente les gusta su sabor, menos acentuado que el de la leche entera.

 

La leche desnatada supone un excelente aporte de calcio en las dietas hipocalóricas
La leche desnatada se obtiene industrialmente mediante un proceso de centrifugación durante el procesado de la leche. El centrifugado permite la separación casi instantánea de la grasa del resto de componentes de la leche.

 

En esta operación de desnatado se extraen, junto con la grasa, las vitaminas disueltas en la misma. Se trata de vitaminas liposolubles, como la A y la D, por lo que es frecuente que este tipo de leches sean enriquecidas en este tipo de vitaminas.

 

Valor nutricional de la leche desnatada

Desde un punto de vista nutricional, la leche desnatada es igual a la leche entera, tan sólo difiere en su menor contenido en grasa, y en vitaminas liposolubles (A, D y E), si no ha sido enriquecida con las mismas antes de ser comercializada.

Su contenido en agua es muy similar al de la leche entera, de ahí que sea erróneo el pensar que "la leche desnatada es todo agua". Lo que ocurre es que la grasa influye significativamente en su palatabilidad y, al reducir o suprimir su contenido, esto repercute en su sabor y consistencia, siendo éstos diferentes a los de la leche entera.

La leche desnatada apenas contiene grasa (aprox. 0,30%), lo que reduce su aporte calórico, si la comparamos con el de la leche entera. Un vaso de unos 200 ml de leche desnatada, proporciona unas 66 calorías frente a las 124 calorías proporcionadas por un vaso del mismo volumen de leche entera. No obstante, la leche desnatada aporta la misma cantidad de proteínas, hidratos de carbono (lactosa), vitaminas del grupo B y minerales, como el calcio, fósforo y magnesio, entre otros, que la leche entera.

Otra diferencia respecto a la leche entera, es que en el desnatado se extrae, junto a la grasa, las vitaminas disueltas en la misma. Se trata de vitaminas liposolubles, como la A, D y E, que suelen ser repuestas por la industria láctea antes de que la leche sea comercializada.

La vitamina D es imprescindible para una buena absorción de calcio y fósforo, y para fijar el calcio en los huesos y dientes, ayudando en la prevención de la osteoporosis. Puede ser sintetizada en la piel, por influencia de la luz solar, pero se obtiene sobre todo a través de la dieta, por el consumo de los alimentos lácteos.

La vitamina A es fundamental para la visión y esencial para el crecimiento, mantenimiento y reparación de las células de las mucosas, epitelios, piel, visión, uñas, cabello y esmalte de dientes, entre otras funciones.

Prácticamente todas las leches parcial o totalmente desnatadas que se consumen hoy en día vienen enriquecidas con dichas vitaminas.

La mejor manera de satisfacer las necesidades nutricionales de calcio es mediante el consumo de lácteos. La leche desnatada supone un excelente aporte de calcio en las dietas hipocalóricas. En este sentido, estudios científicos que han demostrado cómo una dieta rica en calcio favorece los mecanismos de eliminación de grasas.

Hay evidencias científicas de cómo el consumo de calcio, no sólo dificulta la formación de grasa, sino que ayuda a eliminarla a través de las heces, permite mantener la masa muscular, reduce la grasa abdominal, disminuyendo el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes (relacionadas con el exceso del perímetro o grasa abdominal).

En estos casos, el consumo de leches desnatadas, pero que estén enriquecidas, resultan una excelente forma de proporcionar calcio al organismo controlando el aporte de grasa y/colesterol, así como su contenido calórico, en el caso de personas que deban controlar la ingesta de grasa en su dieta diaria, sin renunciar a los lácteos y privarse así de las ventajas nutricionales que aportan este tipo de alimentos.

En este sentido, conviene hacer un inciso, la leche desnatada no se recomienda en niños menores de cuatro años. Tan sólo se indica su consumo a estas edades cuando exista riesgo cardiovascular o de obesidad y siempre bajo la supervisión e indicaciones de un profesional de la salud y de la nutrición.

 

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