la alimentación en la edad escolar

La alimentación en la edad escolar


Dr. Javier Aranceta Bartrina, Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC)

Los hábitos alimenticios en edad escolar forjan las bases para una dieta sana y equilibrada en etapas posteriores. Es el momento de que aprendan a degustar nuevos sabores y texturas y de que se habitúen a comer todos los alimentos en su justa medida. En la educación nutricional del niño tanto padres como comedores escolares juegan un papel protagonista.

Los padres tienen que estar atentos a lo que el niño come en el comedor escolar para complementarlo con la merienda o la cena.

Desayuno, la asignatura pendiente en la edad escolar

Para que nuestros hijos rindan a tope en el colegio, la primera regla de oro es que se acuesten temprano, ya que los niños necesitan descansar más horas que los adultos. Un espacio de 10 horas sería lo adecuado, de tal manera que descansen lo suficiente como para poder levantarse a la mañana siguiente con tiempo para desayunar. Es recomendable que se dediquen unos 20 minutos a la primera comida del día.

Se estima que sólo el 25% de los niños de entre 2 y 25 años hacen un desayuno adecuado. Para que esta comida sea completa, es necesario que se consuman cereales (cereales o pan tostado), lácteos (leche o yogur) y alguna pieza de fruta. No es necesario que coma una fruta entera, pero este alimento va a favorecer que los nutrientes que se ingieran en esa ración duren más tiempo. Un desayuno completo puede mantener al niño saciado durante 3 horas aproximadamente, y con él logramos que se ponga las pilas y que mantenga la atención, requisito básico para un aprendizaje adecuado.

Para ayudar a crear un clima que ayude al niño a levantarse con ganas de desayunar, la noche anterior se podrían colocar las tazas, dulces de desayuno, servilletas, panes tostados... incluso haciendo partícipe de todo al niño. También se ha demostrado que se desayuna mejor en compañía. Es decir, que los niños que desayunan con padres, abuelos, etcétera, tienen una mejor ración en cuanto a cantidad y calidad.

El tentempié de media mañana

El niño que desayuna más, luego a media mañana se arreglará con un yogur o una pieza de fruta. Al que desayuna menos, tendremos que prepararle algo en casa un poco más contundente como un bocadillo y un yogur. Eso debe organizarse en casa. Pero tenemos que preocuparnos que para el recreo el niño lleve en su mochila algún suplemento preparado en casa. Es importante meter en una bolsita de plástico hermética un bocadillo, yogur, fruta... No importa si el niño no come todo porque ellos se regulan bien, generalmente, y lo que nos interesa es que tenga un suplemento alimentario si lo necesita; de este modo, no recurrirán a otros alimentos que no son recomendables.

Se trata de un recurso no sólo nutricional, sino también de cariño, porque el alimento tiene mucho de relación afectiva. Cuando el chaval abre su bocadillo y ve que le han puesto un trocito de tortilla francesa, o un bizcocho que hizo algún familiar el domingo... puede reconocer si están de buen humor y esto forma parte de una película que no podemos esperar ni con una palmera ni con una napolitana.

El menú del comedor escolar

Uno de los logros que se está consiguiendo en España es que en los comedores escolares haya un responsable del diseño del menú, que dé el visto bueno al menú desde el punto de vista del diseño, presentación y servicio. Esto es fundamental: la comida debe ser de calidad, la presentación debe ser atractiva para que entre por los ojos a los chicos y la manera en que los trabajadores del comedor sirven, agradable. El menú del colegio, además de nutricional, debe ser educativo porque está enseñando a comer con nuevas texturas y sabores.

En los comedores tienen un estándar en cuanto a cantidades pero también es una cuestión que deberían valorar, porque no es lo mismo un niño que tiene cuatro añitos que el que tiene 14. En ocasiones, las cantidades o el tipo de menú no son adecuados desde el punto de vista cuantitativo. Por eso, ya en los protocolos hay unas cantidades estimadas por edad que estos profesionales seguro que sabrán poner en práctica.

Raciones recomendadas de alimentos en la edad escolar

Durante los cinco días que están escolarizados, los niños deben tomar dos veces a la semana un primer plato compuesto por verduras, por ejemplo, arroz con verdura, ensalada o puré de verduras. Un día al menos de legumbres, y el resto de pasta o arroz. En cuanto al segundo plato, dos o tres días debería ser pescado de temporada, ya sea azul o blanco, sin espinas y bien preparado. El resto de los días pueden tomar pollo, lomo o algún día croquetas o empanadillas. El postre se compone de fruta y lácteos. Dos días a la semana podrían ser un yogur y tres días fruta. "La fruta interesa que se pueda manipular bien (mandarinas que se puedan pelar fácilmente, un plátano, peras pequeñitas) y que sean de buena calidad. Esto es algo que hay que cuidar mucho", explica el profesor Aranceta.

Si los niños comen en casa, los padres deben seguir estas mismas pautas.

Lácteos en la dieta del niño

Son fundamentales. Tienen que tomar tres o cuatro raciones al día ajustando el formato a las características del niño. Por ejemplo, si es obeso buscar fórmulas bajas en grasa como preparados desnatados o semidesnatados. Además, cabe la posibilidad de combinarlos con fruta o cereales. Es importante huir un poco de las formas que sean ricas en grasa o con mucho azúcar añadido.

Demasiados azúcares en la dieta escolar

La publicación del Informe FAROS (2008) pone de relieve un consumo elevado de azúcares en la alimentación de los niños. Esto supone la ingesta de calorías pobres nutricionalmente, que se encuentran estrechamente relacionadas con trastornos como la obesidad, diabetes e incluso la caries. La inmensa mayoría de los niños, un 93% exactamente, toma dulces y casi la mitad lo hace a diario. Además, el 60% consume bebidas azucaradas. A esto se suman las proteínas y grasas por la ingesta de carne y embutido (tres veces en semana) y las pocas legumbres y pescado que comen. Unos hábitos alimenticios más propios de países como EE.UU. y Reino Unido que de nuestra zona, donde se cuenta con una dieta mediterránea, ejemplo de salud.

El postre en la edad escolar

Tomamos demasiados alimentos preparados: postres de consumo como melocotón en almíbar, los yogures de sabores, las natillas comerciales. No son lo recomendable. Realmente los yogures deberían ser naturales o naturales azucarados, la fruta de temporada y no nos interesan para nada las natillas ni la piña en almíbar, que pueden consumirse un día concreto pero no a diario, ni en el comedor, ni en casa. El objetivo es aportar al crío lo que necesita, no lo que le gusta.

El papel de los padres en la alimentacion en la edad escolar

Los padres reciben la planilla de menú mensual y deben ponerla en la nevera o en un sitio visible para controlar lo que el pequeño come cada día y poder complementarlo con la merienda o la cena. Si ese día ha comido pescado, se le prepara una tortilla de patatas o de espárragos. Si ha comido lentejas, le podemos preparar un puré o una ensalada. Si al mediodía ha tomado de postre un yogur, a la noche un melocotón en trocitos. Es muy sencillo, no tiene secretos.

Saber más: Obesidad, el gran problema del futuro… y del presente

El 15% de los niños españoles son obesos y sobre todo entre los seis y nueve años. Estos niños tienen predisposición a almacenar energía en forma de grasa y comen más energía de la que gastan. Suelen comer mal y además son sedentarios. Consumen demasiadas bebidas, embutidos, comida rápida que con poco volumen tiene mucha energía y luego, después de clase, se sientan a ver la TV o a jugar a la videoconsola. Hay un ahorro de energía total porque van en autobús y en el recreo tampoco juegan demasiado. Es un ambiente de ahorro de energía y el ahorro de energía se convierte en grasa y de ahí, la epidemia de obesidad. La prevención está en comer mejor y tener más movilidad. En definitiva, la alimentación en la edad escolar, forja unas bases en cuanto a la salud de los niños. Preocuparse de todo esto no es fácil pero es una inversión a largo plazo. Desde pequeñito el niño se tiene que mover y debemos estructurar y controlar bien su alimentación. Si los padres observan que el niño está cogiendo peso, deben hablar con el pediatra y concretar que podemos hacer. No es cuestión de que el niño se ponga a régimen y pase hambre, esto hay que subrayarlo, se trata de que coma mejor y se mueva bien. Por eso, es recomendable que el niño vaya a nadar, a patinar o hacer ballet, lo que le guste tres veces por semana. Y eso supone que los padres deben estar pendientes, llevarle y traerle y si para cenar tenemos que prepararle una ensalada que cuesta más que freír cualquier cosa, pues habrá que hacerlo. Es necesario priorizar el tiempo en lo realmente importante, en este caso la salud de los hijos.

 

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